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Ramos de Soledad

Se le cansó el alma de arrastrar sus huesos Limpió de su solapa los imperdibles Y desplomado por el peso de las tangibles carnes Bajó los brazos    se rindió al andén de los espejismos
Repartiendo ramos de soledad a los callejones de luz Quiso el cielo volver por la vacua ensenada Destilando gotas de vacío zigzagueaba las calles amanecidas Nunca las perdonó     y      sin embargo su ritmo tararea Dibujaban las horas en piedra lo tardío de su parecer   No le permitió la pesquisa del alma su tiempo
y desvelaba la mirada aciaga a una quimera en madrugada para no volver a encausar su misma naturaleza ensimismada
Ni permitir a la altanera paciencia cuestionar su hastío

Las tardes del sol

Claridad prófuga de ráfagas de luz Hirviente testigos de sonrisas sobrantes Acumula visitas en horas demoradas Después del toque la puerta azul La cena servida se enfría entre palabras Mínima relevancia al reflejo del tiempo Un mantel de hilos que ya no existen se llevó esos olores que a la tarde vestían Toda esa fantasía en la neblina de fotos perdidas                                                                             enmohecidas Es la mente que todo lo olvida dibujados en la retina momentos estáticos Un reloj arrastrando los escombros Desnuda al patio durante la cena Después de alzar vuelo la puerta escapa entre asombros
Huye ardido el resquicio de esas fotos viejas

SOÑÉ CON BOGOTÁ

Entre adoquines enmohecidos caminaba la noche, perdido el frío se acurrucaba en mis huesos, no conocía el cielo, no era mi ciudad de desvelos, faltaban las brisas y el marullo, desvarié en calles desconocidas derrapaba mi ilusión en nomenclaturas absurdas, las comprendía, tomaba en cuenta la quimera de esa vida, no conocía la lluvia ni la neblina, estaba aquí escribiendo sobre mi rutina, despedazada la fantasía de los abismales vacíos convertidos en pasajes de sol tardío así el agua borra los vestigios de ese calor infernal por las calles de asfalto mustio, para no volver pensaba, es la plegaria que al fin me despertaba, pero estaba aquí, seguí perdido entre vagones y caminos, los pies ardidos por falta calor, la piel expuesta al alma  un nervio de vapor errante entre la neblina densa y la bruma.

Era Bogotá, las montañas y las promesas, la soledad de las calles atestadas estaba en mi quimera, pensé que esta ciudad era la mía, no lo era, no estaban las luces ni el ventanal, el tiempo no…

La incierta calma

Derramar mi verbosidad habitual incierta se torna de nuevo esta calma desvelada anacrónica de arrabal por un cuerpo etéreo que mi mirada no agobia su caminar
De nuevo desvelos y cartas sin terminar que no sepas escuchar las mejores frases desenvainadas quizás viene a visitar la tortura del pasado cómo es su costumbre, tan impreciso y sin invitar
No es lo mejor que mi pluma puede ofrecer de hacerte voltear ves la necesidad la mitad de la fascinación  lo vuelve a estropear la ilusión sin embargo, en lo onírico se dibuja tu camafeo                                                      temor inesperado de esa silueta fantasmal
Que después de tanto tiempo esta incierta calma se vuelva a quebrar a temblar vuelve la divinidad de mi soledad sus alhajas cuelgo en el altar
Hacia una oleada de sentimientos naufragar





Desperdicio

Debí regalar palabras al silencio como castigo por no dejar de hablar
su verborrea irritaba los tímpanos del tiempo
escaseaba la razón en su conjunción, era errada su cantaleta
incluso la muerte en domingo no se da tregua
hasta el viento su soplido lo regala al olvido
y aún así el silencio atinaba con desacierto no parar de hablar





De aquí me tocará volver

Como querer forzar a la palabra para encontrar la rima con el pasado, no es fácil descubrir el pesado granizo en las manos, no después del sol y el sudor de las horas
                                                                                          bañando la indumentaria de la vida
divertido sería contar todo esto de no pertenecer cuando la luz no le quede más remedio que dibujar un arrebol, y sin embargo
                                 en vano sueño desvelos y pisadas
hablar de canciones y noches, del frío y un blanco saturando la vista en el eterno invierno desprevenido y amenazante, de aquí me tocará volver no a mi casa, no a mi país, volver a mi, cuando la única salida sea envejecer









Occidente

El salitre devenido en aliento terrenal
suscito el espacio quedo de aquel respiro a mi nostalgia arrulla su suspiro
ese marullo eterno en mi ventanal
Añoranza recurrente         Halo inquieto de luz eterno Desvarío de futuro incierto
a una quimera mi pensar atiende

La sal de los ojos quema el tiempo
eternas estas noches de piedra y sus horas
en la hiel y las marchitas rosas de asfalto caliente añoro el encuentro

Con mil rostros animal de mi habitación desde mil pedazos a tu encuentro roto y áspero
            los desencuentros y desatinos anhelo
a la ciudad en idilios de brisas y desaparición.