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Las tardes del sol

Claridad profuga de ráfagas de luz
Hirviente testigo de sonrisas sobrantes
Acumula visitas en horas demoradas
Después del toque del portón azul La cena servida se enfría entre palabras
Mínima relevancia al reflejo del tiempo
Un mantel de hilos que ya no existe
se llevó esos olores que a la tarde vestían Toda esa fantasía en la neblina
De fotos perdidas, enmohecida
Es la mente que todo lo olvida
Momentos estáticos dibujados en la retina Un reloj arrastrando los escombros
Desnuda al patio durante la cena
Después de alzar vuelo el portón entre asombros
El resquicio de fotos viejas escapa ardido

La incierta calma

Derramar mi verbosidad habitual incierta se torna de nuevo esta calma desvelada anacrónica de arrabal por un cuerpo etéreo que mi mirada no agobia su caminar
De nuevo desvelos y cartas sin terminar que no sepas escuchar las mejores frases desenvainadas quizás viene a visitar la tortura del pasado cómo es su costumbre, tan impreciso y sin invitar
No es lo mejor que mi pluma puede ofrecer de hacerte voltear ves la necesidad la mitad de la fascinación  lo vuelve a estropear la ilusión sin embargo, en lo onírico se dibuja tu camafeo                                                      temor inesperado de esa silueta fantasmal
Que después de tanto tiempo esta incierta calma se vuelva a quebrar a temblar vuelve la divinidad de mi soledad sus alhajas cuelgo en el altar
Hacia una oleada de sentimientos naufragar





Desperdicio

Debí regalar palabras al silencio como castigo por no dejar de hablar
su verborrea irritaba los tímpanos del tiempo
escaseaba la razón en su conjunción, era errada su cantaleta
incluso la muerte en domingo no se da tregua
hasta el viento su soplido lo regala al olvido
y aún así el silencio atinaba con desacierto no parar de hablar





De aquí me tocará volver

Como querer forzar a la palabra para encontrar la rima con el pasado, no es fácil descubrir el pesado granizo en las manos, no después del sol y el sudor de las horas
                                                                                          bañando la indumentaria de la vida
divertido sería contar todo esto de no pertenecer cuando la luz no le quede más remedio que dibujar un arrebol, y sin embargo
                                 en vano sueño desvelos y pisadas
hablar de canciones y noches, del frío y un blanco saturando la vista en el eterno invierno desprevenido y amenazante, de aquí me tocará volver no a mi casa, no a mi país, volver a mi, cuando la única salida sea envejecer









Occidente

El salitre devenido en aliento terrenal
suscito el espacio quedo de aquel respiro a mi nostalgia arrulla su suspiro
ese marullo eterno en mi ventanal
Añoranza recurrente         Halo inquieto de luz eterno Desvarío de futuro incierto
a una quimera mi pensar atiende

La sal de los ojos quema el tiempo
eternas estas noches de piedra y sus horas
en la hiel y las marchitas rosas de asfalto caliente añoro el encuentro

Con mil rostros animal de mi habitación desde mil pedazos a tu encuentro roto y áspero
            los desencuentros y desatinos anhelo
a la ciudad en idilios de brisas y desaparición.


Excusa

Se me olvidó apagar la luz, al salir de mi habitación, al despellejar mi vida antigua de esas paredes ahora enmohecidas, hace tanto tiempo que despegué la carne, que desollé la sal, y aún pensando en ese portal, el de madera que nunca quise dejar, hoy tengo el presentimiento de haber olvidado el foco incandescente de ese lugar ambivalente, era rojo, amarillo, era azul o ¿cambiaba con el frío?, lo irreal es que está encendido, olvidé apagar la luz, ya sabía yo que no debía volar, no debía cambiar la piel de mar...por esta costra de cal, una horrible masa de pétalos de agua salada, ¿será que nadie se entera que incandescente su fulgor ha de cesar?, debí fijarme mejor, fue el complicado proceso de muda de piel, eso de tomar lo más banal y como precaución arrojarlo al solar, que se tueste y no más, se me olvidó accionar le interruptor, allá está inerte, burlándose de mi, encendido e incandescente, sabiendo que no es algo trivial pero tampoco tan importante como lo fue escapar, pero allí e…

Estoy

Se me va pasando el tiempo, entre idilios y rencores, bocanadas y tragos, el mismo veneno de la noche, de saber el camino desdibujado, de conocer las horas pasadas el futuro seguro decidiría asomar su rostro en la dirección contraria del umbral pesado de piedra mustia, por el cálido olor a piel quemada, por el sol inclemente de las tardes inertes, ahí en el patio de los recuerdos, el sol y el agua, el limón y la sal, las sillas blancas que cortan nuestras piernas, la marea de risa que anuncia la nostalgia y melancolía, cuando se iba el día, bajaba la noche, aún fresco el clamor de los anhelos, reverberaba la antesala de los sueños, no quería dormir, ¿para qué?, aquí y ahora, allá y entonces, igual las horas de piedra caen en los arrabales del destino, en la música sombría del tic y el tac del reloj etéreo, del falso tiempo, pesados los recuerdos, se va pasando el tiempo, encoge y estira, arroja la plusvalía, se deviene la verdad dibujada en números superfluos, así se me va pasando el …