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Testigos casuales de una soledad monótona

Tibias luces se reflejaban en la neblina asfixiante de bocanadas de humo, palabras, sonido del viento de artificio, pesadez en las miradas, frases inventadas que traicionaban al corazón, punzantes filos destellaban en ellas, fue ahí en esa luz incómoda, la espera, el reloj, el latido del corazón anunciaba una premonición de tragedia falsa, no querías… otras almas lo esperaban, ansiosas de saborear esa mentira, esa falsa sensación de noches robadas hace tantos años, ahí estabas, imprecisa, impuntual, sin miedo a lo que esa noche te regalara, más ansiosa que apenada, el veneno rodaba por tu garganta, espeso, calentaba tus deseos, cada calada de humo invitaba a la resurrección de ese sentimiento. Y ahí estaba, frío, seco, como un puñal que se enterraba en tu pecho, minutos, el reloj, la noche repentina invadía tus pensamientos, ¿fue ahí?, no, todavía la sangre no se mezclaba con el alcohol lo suficiente para animar las ansias, humo, caricias furtivas, miradas estáticas, el reloj, espera... vacías el vaso, ¿fue ahí? Sí, ahí te desplomaste y dejaste que el sentimiento que quemaba tus labios se aplacara al saborear otra historia conocida, testigo casual de tu soledad, ilusionista mágica de la noche fría, le animaste el corazón, ¿viste?, después una feroz indecisión, ¿cómo te desligabas de la historia?, el reloj, la luz, los labios secos, risas, pasó el fulgor de la noche, se acabó, ¿cómo se engañan las almas?, llégales al corazón, así, ¿fue ahí?



¿Cómo se engañan las almas en verdad?, sabes contar los minutos del reloj, ¿Será la impaciente soledad que te abruma tanto?, como puedes lamentarlo, la experiencia abre pensamientos y desliga palabras de la soledad de ellos, dame más, sé que serán nuevas experiencias vividas y quizás hasta nos riamos de esto que te abrumaba tanto en las noches de nuestro días.

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