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El artificio de mi verdad


Mirando bajo las estrellas, la noche ya no se pinta tan amena, resonaban carcajadas y ahora el olor a la cerveza marchita el cuarto vacío, penumbras eternas de cuadros inconclusos, lástima del tiempo, esclavo del destino, pensé en olvidar pero no recordaba que no podría hacerlo, caí, fue el vaivén de la noche, haciendo cosas de mala gana y durmiendo por inercia monótona, me descubrí hastiado de la memoria, vi y sudé luna, el calor inclemente de los pensamientos secados al sol, luz y noche aurora y ocaso, se funden en días obtusos, los ángulos de la muerte dibujados en sombras más oscuras que la noche, pasó el vino, llegó la vida, se extingue la sangre seca de las paredes de mi habitación pero nunca encontró una razón para saludar, se habría ido más allá del tiempo en callejones vacíos, los de mi memoria, los de ella y su impaciencia infinita, peor que la mía, viví las sombras envuelto en sábanas benditas, una calada más y se acaba rutina, sin darme cuenta así nomás, como el cuervo en el umbral, nunca más, parece desvarío de las horas, pero el tiempo se lamenta en su cara, es la mía, la vida, la noche, las horas y el reloj, descubrí el artificio de mi verdad…

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Terriblemente absurdo

Descubrí ese cristal inerte en mi sien
    refleja los latidos del tiempo inmerso en mí pero desgarradoras premoniciones de mi soliloquio dibuja su latido las venas se abren para recorrer el cenit
las pesadas horas se hacen piedra en las manos cansadas de la tarde y los ojos desvelados sobre la premisa del rencor a la melancolía se embarca de nuevo en un mar de ausencias la impaciencia infinita de ver el neón y confundirlo con estrellas
ya se desgarrará el futuro bañado de alcohol                                                      la huida de lo imprescindible y el medio de vulnerar los pasos recorridos
      Desbaratado en pedazos asincopados  el cristal reposa en el papel, tal cual tinta derramada

Occidente

El salitre devenido en aliento terrenal
suscita el espacio quedo de aquel respiro a mi nostalgia arrulla su suspiro
ese marullo eterno en mi ventanal
En la añoranza recurrente        Un abrazo quieto de luz eterno Desvaría sobre mi futuro incierto
y a una quimera mi pensar atiende

La sal de los ojos quema el tiempo
eternas estas noches de piedra y sus horas
en la hiel y las marchitas rosas de asfalto caliente añoro el encuentro

Con mil rostros animal de mi habitación desde mil pedazos a tu encuentro roto y áspero
                             con desatinos anhelo
en la ciudad de brisas de idilio y desaparición.


SOÑÉ CON BOGOTÁ

Entre adoquines enmohecidos caminaba la noche, perdido el frío se acurrucaba en mis huesos, no conocía el cielo, no era mi ciudad de desvelos, faltaban las brisas y el marullo, desvarié en calles desconocidas derrapaba mi ilusión en nomenclaturas absurdas, las comprendía, tomaba en cuenta la quimera de esa vida, no conocía la lluvia ni la neblina, estaba aquí escribiendo sobre mi rutina, despedazada la fantasía de los abismales vacíos convertidos en pasajes de sol tardío así el agua borra los vestigios de ese calor infernal por las calles de asfalto mustio, para no volver pensaba, es la plegaria que al fin me despertaba, pero estaba aquí, seguí perdido entre vagones y caminos, los pies ardidos por falta calor, la piel expuesta al alma  un nervio de vapor errante entre la neblina densa y la bruma.

Era Bogotá, las montañas y las promesas, la soledad de las calles atestadas estaba en mi quimera, pensé que esta ciudad era la mía, no lo era, no estaban las luces ni el ventanal, el tiempo no…