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El hastío de la memoria

Suave y lento el tiempo lleva las horas, las horas eternas, las de sol, el día de luna, la visita del destino, la noche de las estrellas, el fulgor de los ojos perdidos sobre las nubes del pasado, esa noche, la de la luna llena, la de las horas de piedra, cuando caía el sol  a través de la ventana, el movimiento de las persianas, así de día y noche, un buzo en el espacio orbitando el aroma que dejaban tus pasos, la fragancia de mis años perdidos, la fragancia de la memoria oculta, el subconsciente de la plusvalía tardía, los recuerdos de las lágrimas, falsas, sinceras, de cartón...somos como el desperdicio de lo que quedaba en el pavimento de la soledad, más allá de la avenida, en la calle eterna de calor, la miel de los labios, el silbido del viento, deambulamos por el espacio real de lo que fue la fantasía de nuestros días venideros, porque no sabemos que depara el destino, el destino,de visita, ¿té o café?, la hora de la verdad, de noche nada más y así la memoria se apresura en guardar los momentos como momentos estáticos sin esperar que el tiempo decida lo que los pasos dirán más tarde.

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Terriblemente absurdo

Descubrí ese cristal inerte en mi sien
    refleja los latidos del tiempo inmerso en mí pero desgarradoras premoniciones de mi soliloquio dibuja su latido las venas se abren para recorrer el cenit
las pesadas horas se hacen piedra en las manos cansadas de la tarde y los ojos desvelados sobre la premisa del rencor a la melancolía se embarca de nuevo en un mar de ausencias la impaciencia infinita de ver el neón y confundirlo con estrellas
ya se desgarrará el futuro bañado de alcohol                                                      la huida de lo imprescindible y el medio de vulnerar los pasos recorridos
      Desbaratado en pedazos asincopados  el cristal reposa en el papel, tal cual tinta derramada

Occidente

El salitre devenido en aliento terrenal
suscita el espacio quedo de aquel respiro a mi nostalgia arrulla su suspiro
ese marullo eterno en mi ventanal
En la añoranza recurrente        Un abrazo quieto de luz eterno Desvaría sobre mi futuro incierto
y a una quimera mi pensar atiende

La sal de los ojos quema el tiempo
eternas estas noches de piedra y sus horas
en la hiel y las marchitas rosas de asfalto caliente añoro el encuentro

Con mil rostros animal de mi habitación desde mil pedazos a tu encuentro roto y áspero
                             con desatinos anhelo
en la ciudad de brisas de idilio y desaparición.


SOÑÉ CON BOGOTÁ

Entre adoquines enmohecidos caminaba la noche, perdido el frío se acurrucaba en mis huesos, no conocía el cielo, no era mi ciudad de desvelos, faltaban las brisas y el marullo, desvarié en calles desconocidas derrapaba mi ilusión en nomenclaturas absurdas, las comprendía, tomaba en cuenta la quimera de esa vida, no conocía la lluvia ni la neblina, estaba aquí escribiendo sobre mi rutina, despedazada la fantasía de los abismales vacíos convertidos en pasajes de sol tardío así el agua borra los vestigios de ese calor infernal por las calles de asfalto mustio, para no volver pensaba, es la plegaria que al fin me despertaba, pero estaba aquí, seguí perdido entre vagones y caminos, los pies ardidos por falta calor, la piel expuesta al alma  un nervio de vapor errante entre la neblina densa y la bruma.

Era Bogotá, las montañas y las promesas, la soledad de las calles atestadas estaba en mi quimera, pensé que esta ciudad era la mía, no lo era, no estaban las luces ni el ventanal, el tiempo no…