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Terriblemente absurdo

Descubrí ese cristal inerte en mi sien
    refleja los latidos del tiempo inmerso en mí
pero desgarradoras premoniciones de mi soliloquio dibuja su latido
las venas se abren para recorrer el cenit

las pesadas horas se hacen piedra en las manos cansadas de la tarde
y los ojos desvelados sobre la premisa del rencor a la melancolía
se embarca de nuevo en un mar de ausencias
la impaciencia infinita de ver el neón y confundirlo con estrellas

ya se desgarrará el futuro bañado de alcohol
                                                     la huida de lo imprescindible
y el medio de vulnerar los pasos recorridos

      Desbaratado en pedazos asincopados 
el cristal reposa en el papel, tal cual tinta derramada


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Occidente

El salitre devenido en aliento terrenal
suscita el espacio quedo de aquel respiro a mi nostalgia arrulla su suspiro
ese marullo eterno en mi ventanal
En la añoranza recurrente        Un abrazo quieto de luz eterno Desvaría sobre mi futuro incierto
y a una quimera mi pensar atiende

La sal de los ojos quema el tiempo
eternas estas noches de piedra y sus horas
en la hiel y las marchitas rosas de asfalto caliente añoro el encuentro

Con mil rostros animal de mi habitación desde mil pedazos a tu encuentro roto y áspero
                             con desatinos anhelo
en la ciudad de brisas de idilio y desaparición.


SOÑÉ CON BOGOTÁ

Entre adoquines enmohecidos caminaba la noche, perdido el frío se acurrucaba en mis huesos, no conocía el cielo, no era mi ciudad de desvelos, faltaban las brisas y el marullo, desvarié en calles desconocidas derrapaba mi ilusión en nomenclaturas absurdas, las comprendía, tomaba en cuenta la quimera de esa vida, no conocía la lluvia ni la neblina, estaba aquí escribiendo sobre mi rutina, despedazada la fantasía de los abismales vacíos convertidos en pasajes de sol tardío así el agua borra los vestigios de ese calor infernal por las calles de asfalto mustio, para no volver pensaba, es la plegaria que al fin me despertaba, pero estaba aquí, seguí perdido entre vagones y caminos, los pies ardidos por falta calor, la piel expuesta al alma  un nervio de vapor errante entre la neblina densa y la bruma.

Era Bogotá, las montañas y las promesas, la soledad de las calles atestadas estaba en mi quimera, pensé que esta ciudad era la mía, no lo era, no estaban las luces ni el ventanal, el tiempo no…