Recordé palabras en un instante efímero, pasos de alcohol marcaban un camino antes recorrido y olvidé lo que mi mente divagaba, sin embargo ansiando el recuerdo, encontré el olvido, que irónico es el tiempo, sarcástico bufón de Dios, parece disfrutar con cada latido de lamentos, al fin pensé en escribir lo que mi corazón decía, no hablaba, no callaba nada, la melancolía parecía estática, los recuerdos de días pasados aparecían difusos, más allá en el tiempo que no volverá las carcajadas sonaban, un rostro del que nunca me olvidaré me saludaba, un poco confundido, quizás extrañado de coincidir en mi futuro,así han pasado las horas, inmerso en torres de cristal con aire de artificio pagando por días que no volverán, como un recluso injustamente sentenciado a vagar por los pasillos fríos de miradas inquisitorias que jamás entenderán lo que quieren decir sus sentimientos.
No sabía que la melancolía se pudiese mezclar con el arrepentimiento, con las ganas de reparar las heridas de una mañana fría, de la vida eterna en las noches de una soledad agobiante, fueron recurrentes las palabras que derramaste en las páginas de luz que alguna vez ojeé, esas que me regalaste como sellando una mentira que pareció tan cierta, como para lavarte el paladar de sabores amargos mezclados con el alcohol, buscabas remojar tu imagen en lágrimas sin sal, en un corazón que manipulaste sin maldad, desligándote, buscando impunidad en ojos que no te importan, te desvelaste lo suficiente para limpiar tus días o más bien tus madrugadas marchitas, buscaste risas y excusas, una soledad protagonista, culpándola, apilando otra estaca en la playa de tu vida, otra huella desvanecida por la marea de tu indecisión, buscando una excusa en el tiempo y el tiempo solo se rió de ti y te entregó un destino vacilante y una reputación de musa anacrónica que vende sus servicios en las noches grises...
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