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Occidente

El salitre devenido en aliento terrenal
suscita el espacio quedo de aquel respiro
a mi nostalgia arrulla su suspiro
ese marullo eterno en mi ventanal

En la añoranza recurrente
       Un abrazo quieto de luz eterno
Desvaría sobre mi futuro incierto
y a una quimera mi pensar atiende

La sal de los ojos quema el tiempo
eternas estas noches de piedra y sus horas
en la hiel y las marchitas rosas
de asfalto caliente añoro el encuentro

Con mil rostros animal de mi habitación
desde mil pedazos a tu encuentro roto y áspero

                             con desatinos anhelo
en la ciudad de brisas de idilio y desaparición.



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Redundancia

La nostalgia prematura de latitudes de infortunio
se desdibuja con tiempo en manchas de humedad
pero la noche demuestra que no tiene edad
así entre el vino y el frío el presente se conjuga en gerundio

Sigo siendo mi sombra en la acera inerte
Esa quimera de la noche sobre la ciudad
Una fachada sombría en esta falsa verdad
Sigue queda, secando al sol todo lo que hace desprenderte

Así se desprende de mentiras y verdades
en el lecho de la luna, ilusiones pasajeras
me deshago en quebrantos y esteras
pero de nuevo el tiempo se ha perdido por estas clandestinidades

Como soliloquio magnífico
Este ensueño idílico
pero de humo y espejos un estereotipo
sigo siendo la sombra de mi perfil espídico




Me construí un domingo

hastiado de no encontrarla
una reproducción infructífera del espacio
apartado del alcohol divino de las tarde  de sol
Preso de mi soliloquio
inerte en la mirada al vacío
decidí fabricarme uno propio
un domingo
desde la mañana hasta la noche
un domingo
de risas y alcohol
un domingo de comida y calor
con recuerdos y todo
ese domingo
de noches por días
lo encontré
en el sueño
en la quimera
en la divina partida de los sentidos
un domingo y nada más
es un día...perdido en tiempo
un domingo hastiado de ser y estar en mi línea de tiempo
un domingo que brinda por su partida...

Desperdicio

Debí regalar palabras al silencio como castigo por no dejar de hablar
su verborrea irritaba los tímpanos del tiempo
escaseaba la razón en su conjunción, era errada su cantaleta
incluso la muerte en domingo no se da tregua
hasta el viento su soplido lo regala al olvido
y aún así el silencio atinaba con desacierto no parar de hablar