Occidente

El salitre devenido en aliento terrenal
suscita el espacio quedo de aquel respiro
a mi nostalgia arrulla su suspiro
ese marullo eterno en mi ventanal

En la añoranza recurrente
       Un abrazo quieto de luz eterno
Desvaría sobre mi futuro incierto
y a una quimera mi pensar atiende

La sal de los ojos quema el tiempo
eternas estas noches de piedra y sus horas
en la hiel y las marchitas rosas
de asfalto caliente añoro el encuentro

Con mil rostros animal de mi habitación
desde mil pedazos a tu encuentro roto y áspero

                             con desatinos anhelo
en la ciudad de brisas de idilio y desaparición.



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