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Ya es madrugada

las sombras viajan en mi ventana
en el pesado barco que navega por la bruma de la noche
sonrientes calaveras se dibujan entre las olas de la neblina
desconocidos espantos visitan mi soledad
como una acuarela en movimiento sobre el vitral del tiempo
con la hoz en mano me indican su camino
estupefacto les regalo unas letras
no escucharán el silbido de mi susurro
nunca las frases destiladas por mi garganta serán relevantes al tiempo
ignoradas siempre por su lujuria al andar

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Redundancia

La nostalgia prematura de latitudes de infortunio
se desdibuja con tiempo en manchas de humedad
pero la noche demuestra que no tiene edad
así entre el vino y el frío el presente se conjuga en gerundio

Sigo siendo mi sombra en la acera inerte
Esa quimera de la noche sobre la ciudad
Una fachada sombría en esta falsa verdad
Sigue queda, secando al sol todo lo que hace desprenderte

Así se desprende de mentiras y verdades
en el lecho de la luna, ilusiones pasajeras
me deshago en quebrantos y esteras
pero de nuevo el tiempo se ha perdido por estas clandestinidades

Como soliloquio magnífico
Este ensueño idílico
pero de humo y espejos un estereotipo
sigo siendo la sombra de mi perfil espídico




Me construí un domingo

hastiado de no encontrarla
una reproducción infructífera del espacio
apartado del alcohol divino de las tarde  de sol
Preso de mi soliloquio
inerte en la mirada al vacío
decidí fabricarme uno propio
un domingo
desde la mañana hasta la noche
un domingo
de risas y alcohol
un domingo de comida y calor
con recuerdos y todo
ese domingo
de noches por días
lo encontré
en el sueño
en la quimera
en la divina partida de los sentidos
un domingo y nada más
es un día...perdido en tiempo
un domingo hastiado de ser y estar en mi línea de tiempo
un domingo que brinda por su partida...

Desperdicio

Debí regalar palabras al silencio como castigo por no dejar de hablar
su verborrea irritaba los tímpanos del tiempo
escaseaba la razón en su conjunción, era errada su cantaleta
incluso la muerte en domingo no se da tregua
hasta el viento su soplido lo regala al olvido
y aún así el silencio atinaba con desacierto no parar de hablar