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Algún día de aquellos

Pienso en las mañanas olvidadas, como una voz que grita al desespero en esas noches que la orilla de la cama nunca aparece, pienso en esas mañanas que no tienen una fecha marcada en el calendario simplemente por ser tan absurdas como una gota de lluvia más, esas mañanas que reflejaban el pasado, el que es el presente anhelado de este futuro anacrónico e impreciso, un futuro que se resquebraja como arcilla al sol, sus grietas desdibujan ese pasado lo destrozan y abandonan al frío de una memoria que no los olvida pero no le da tiempo de recordarlo, es injusto para esos días, es como esa melancolía que nunca llegó en el momento justo y que poco a poco ahora se cuela entre los sueños de día y la rutina maldita de nuevos momentos redundantes en los pasillos del sol y de esta ciudad que se hace cada vez más vieja y desaturada,con colores vivos muertos, sigo pensando en esas mañanas, en esos rayos de sol y esa madrugada, el humo exhalado por mis pulmones...el sabor amargo de las despedidas, el olor inconfundible de la alegría...sigo pensándolo y ya casi se esconden entre esas grietas que diluyen los recuerdos de caras sonrientes y tiempos menos grises, se esconden...van hacia el olvido

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Terriblemente absurdo

Descubrí ese cristal inerte en mi sien
    refleja los latidos del tiempo inmerso en mí pero desgarradoras premoniciones de mi soliloquio dibuja su latido las venas se abren para recorrer el cenit
las pesadas horas se hacen piedra en las manos cansadas de la tarde y los ojos desvelados sobre la premisa del rencor a la melancolía se embarca de nuevo en un mar de ausencias la impaciencia infinita de ver el neón y confundirlo con estrellas
ya se desgarrará el futuro bañado de alcohol                                                      la huida de lo imprescindible y el medio de vulnerar los pasos recorridos
      Desbaratado en pedazos asincopados  el cristal reposa en el papel, tal cual tinta derramada

Occidente

El salitre devenido en aliento terrenal
suscita el espacio quedo de aquel respiro a mi nostalgia arrulla su suspiro
ese marullo eterno en mi ventanal
En la añoranza recurrente        Un abrazo quieto de luz eterno Desvaría sobre mi futuro incierto
y a una quimera mi pensar atiende

La sal de los ojos quema el tiempo
eternas estas noches de piedra y sus horas
en la hiel y las marchitas rosas de asfalto caliente añoro el encuentro

Con mil rostros animal de mi habitación desde mil pedazos a tu encuentro roto y áspero
                             con desatinos anhelo
en la ciudad de brisas de idilio y desaparición.


SOÑÉ CON BOGOTÁ

Entre adoquines enmohecidos caminaba la noche, perdido el frío se acurrucaba en mis huesos, no conocía el cielo, no era mi ciudad de desvelos, faltaban las brisas y el marullo, desvarié en calles desconocidas derrapaba mi ilusión en nomenclaturas absurdas, las comprendía, tomaba en cuenta la quimera de esa vida, no conocía la lluvia ni la neblina, estaba aquí escribiendo sobre mi rutina, despedazada la fantasía de los abismales vacíos convertidos en pasajes de sol tardío así el agua borra los vestigios de ese calor infernal por las calles de asfalto mustio, para no volver pensaba, es la plegaria que al fin me despertaba, pero estaba aquí, seguí perdido entre vagones y caminos, los pies ardidos por falta calor, la piel expuesta al alma  un nervio de vapor errante entre la neblina densa y la bruma.

Era Bogotá, las montañas y las promesas, la soledad de las calles atestadas estaba en mi quimera, pensé que esta ciudad era la mía, no lo era, no estaban las luces ni el ventanal, el tiempo no…