Se acaba el tiempo, mi tiempo de ceniza, víctima de malas horas y desencajadas avaricias, sabelotodo maldito, destino juegas sucio, aquí aparecen los ases bajo tus mangas, mi risa rota en la mitad del cielo amarillo de fotografías marchitas en las gavetas olvidadas por los creadores y sus manos jóvenes que nunca decidieron sacar al sol los recuerdos prematuros, así de insólito se reflejan las miradas en playas de lágrimas de cristal, en su fondo barcos de piedras anuncian los naufragios sombríos de cada etapa de mi estadía en este desierto de tierra y sal, cal amarga que quema la piel del tiempo, lo desvanece y añora cada vez más el agua prohibida de la razón y las noches de paz que le robaba su destino, se quedaba con madrugadas de humo y perfume dulce de frutas destrozadas en el suelo, como el malgasto de excesos desmedidos que ahora forman parte de un rompe cabeza podrido y que deja un olor a nostalgia no tan dulce como esperaba al caer esa noche, en el sofá, en las estrellas...
No sabía que la melancolía se pudiese mezclar con el arrepentimiento, con las ganas de reparar las heridas de una mañana fría, de la vida eterna en las noches de una soledad agobiante, fueron recurrentes las palabras que derramaste en las páginas de luz que alguna vez ojeé, esas que me regalaste como sellando una mentira que pareció tan cierta, como para lavarte el paladar de sabores amargos mezclados con el alcohol, buscabas remojar tu imagen en lágrimas sin sal, en un corazón que manipulaste sin maldad, desligándote, buscando impunidad en ojos que no te importan, te desvelaste lo suficiente para limpiar tus días o más bien tus madrugadas marchitas, buscaste risas y excusas, una soledad protagonista, culpándola, apilando otra estaca en la playa de tu vida, otra huella desvanecida por la marea de tu indecisión, buscando una excusa en el tiempo y el tiempo solo se rió de ti y te entregó un destino vacilante y una reputación de musa anacrónica que vende sus servicios en las noches grises...
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