Ayer recordé que una esencia puede ser la antesala de mi nostalgia, me sumergí en el pensamiento de que somos la plusvalía del tiempo, todo ese excedente de recuerdos y sentimientos ajenos a él, los va depositando en nuestra línea de vida, dejándolo caer lentamente en nuestra memoria para que formen nuestros recuerdos, como una maleta de bagaje sin etiquetar caminamos a su lado, somos usados, y nos deja todo eso que debemos recordar y que a él le excede en su pasar, destila horas que vamos guardando en nuestro corazón, ese excedente forma nuestros días, da vida a nuestra melancolía, ayer recordé que esa esencia desata a mis pensamientos y hoy no puedo dejar de pensar que somos la plusvalía de su arduo caminar.
No sabía que la melancolía se pudiese mezclar con el arrepentimiento, con las ganas de reparar las heridas de una mañana fría, de la vida eterna en las noches de una soledad agobiante, fueron recurrentes las palabras que derramaste en las páginas de luz que alguna vez ojeé, esas que me regalaste como sellando una mentira que pareció tan cierta, como para lavarte el paladar de sabores amargos mezclados con el alcohol, buscabas remojar tu imagen en lágrimas sin sal, en un corazón que manipulaste sin maldad, desligándote, buscando impunidad en ojos que no te importan, te desvelaste lo suficiente para limpiar tus días o más bien tus madrugadas marchitas, buscaste risas y excusas, una soledad protagonista, culpándola, apilando otra estaca en la playa de tu vida, otra huella desvanecida por la marea de tu indecisión, buscando una excusa en el tiempo y el tiempo solo se rió de ti y te entregó un destino vacilante y una reputación de musa anacrónica que vende sus servicios en las noches grises...
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