Y si me derrumbo cada vez que tu esencia hace presencia en mi sacristía, la soledad abrumadora de tu soliloquio, la faceta triste de tu mirada, es veneno en mis venas, es alcohol santo de las noches prohibidas en esta estadía, solía soñar con tu mirada, al hacer presencia, mis palabras atiborradas en la garganta, verborrea cerebral en mi consciencia, noche de lujuria, noche de presagios en vano, nunca serás mía, nunca estarás en mi estadía, ¿por qué sigo buscándote?, ¿por qué debo desvelarme si no estás en mi vida?, loco ansío por una mirada furtiva, un desliz de tu inconsciencia, quizás una quimera de tus venas, ¿para qué busco perdido tus labios?, una reverberación inútil de mis noches promiscuas, no cesan, no dan paso a la ilusión venidera, aunque no lo sepas, soy cautivo de tu indiferencia.
No sabía que la melancolía se pudiese mezclar con el arrepentimiento, con las ganas de reparar las heridas de una mañana fría, de la vida eterna en las noches de una soledad agobiante, fueron recurrentes las palabras que derramaste en las páginas de luz que alguna vez ojeé, esas que me regalaste como sellando una mentira que pareció tan cierta, como para lavarte el paladar de sabores amargos mezclados con el alcohol, buscabas remojar tu imagen en lágrimas sin sal, en un corazón que manipulaste sin maldad, desligándote, buscando impunidad en ojos que no te importan, te desvelaste lo suficiente para limpiar tus días o más bien tus madrugadas marchitas, buscaste risas y excusas, una soledad protagonista, culpándola, apilando otra estaca en la playa de tu vida, otra huella desvanecida por la marea de tu indecisión, buscando una excusa en el tiempo y el tiempo solo se rió de ti y te entregó un destino vacilante y una reputación de musa anacrónica que vende sus servicios en las noches grises...
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